Breves raptos de desinteligencia

CORTITOS Y AL PIE

 

Hoja

¿Por qué si absorbía vida, no se quedó en tierra húmeda? el viento la levantó cuando más cómoda estaba. Había caído del árbol. Ya a punto de secarse volvió a impregnarse de verde, absorbía un poco de agua, y pensaba (si, las hojas piensan): “Aún puedo nutrirme, y seguir…” “Aquí me quedo”. ¡Ay… pero, cuál fue su sorpresa! (las hojas no deciden), el viento sopló… llegó a un lugar árido. Tan sólo miraba espinas, la tierra era distinta, se moría de sed. Sin nada más que hacer, la pobre se secó.

 

Identidad

-Sí tan sólo tu padre viviera diría que ya eres todo un hombrecito; su vivo reflejo, sin duda, hijo mío.
Desde entonces vive con su madre; hasta que la muerte los separe.

 

Venus

La estatua sentía una comezón en la cabeza como una puñalada repetida. Incapaz de otra cosa, elevó sus plegarias al poderoso Zeus, quien apiadándose de la pobre la liberó de su rigidez marmórea. Instantes después —rompiendo los cristales— estrenaría su voz al descubrirse sin brazos.

 

Noche

Vagando por la noche de mis desvelos, la caminata se hizo eterna, pues yo contaba los pasos cual maniaco de mi propio extravío. Repentinamente, una yegua me alcanzó en mi recorrido, se emparejó a mi marcha y me cabeceó para que la montara. Ya arriba de su grupa, la yegua empezó a trotar y luego a cabalgar en cuanto sintió que yo me agarraba a sus crines y me mantenía sobre su lomo.
Entonces corrió hacía el oriente para alcanzar el resplandor del alba. Se frenó de repente sobre un acantilado y me lanzó al abismo. Fue cuando me di cuenta que había sido una pesadilla

 

Ídolo

Llegado el Apocalipsis, todos siguieron al que no se cansó de afirmar que podría ser peor.

 

Abierta

Los músicos silenciaron el ensayo de “La décima sinfonía de Dvořák”, para seguir con ojos asombrados el desplazamiento de la nueva integrante de la orquesta. La chelista, ataviada con minifalda para el infarto, muy delicada abría sus piernas y, colocaba el instrumento con el mayor cuidando de no enganchar su medias de nylon.

 

Viva

Perdóname Señor —dijo el hombre frente a "La Pieta” de Miguel Ángel.
Al otro día hallaron a Jesús en el suelo, y el cadáver de aquel pordiosero entre las cariñosas manos de la dolida María.

 

Final

Escribió en cada pétalo de la rosa una palabra de su relato de forma que sólo pudiera leerse deshojándola, y la última el título: "Espinas".

 

Nombres

Nació y fue anotado como Juan, su madre le llamaba Juanillo y sus amigos Juanchi; al casarse su mujer le decía Papi y sus hijos Pa. Harto de tanto rebautizo decidió operarse y ahora se llama Lola.

 

Semejanza

Cada día se parece más a su copia falsa.

 

Personajes

Con la esencia de un dios, sentado frente a su mesa de trabajo, el escritor entra en la mente, el corazón y la piel de sus personajes. Hombres y mujeres, jóvenes y viejos, blancos y negros, todos tienen cabida en esas sesiones donde el autor, con rigor de Apocalipsis, mide la sustancia de sus criaturas, como dicen que al final de los tiempos seremos medidos y juzgados todos.
Una de las figuras secundarias que aún está por aparecer, de rato en rato, va susurrándole a su creador: “Hace frío”. Éste, con la energía concentrada en que el protagonista de su historia –Josef K. un oficinista normal y corriente que, de pronto, una mañana cualquiera es arrestado por algo que se desconoce – resulte verosímil, no atiende los llamados de aquel esbozo a medio hacer que no hace más que repetir: “Hace frío”, y decide despedirlo sin demora, harto de que interfiera con expresión tan trivial.
Y la historia puede continuar, pero justo en aquel instante comienzan los dolores de garganta.

 

Otitneunc

.ojepse led sárted edsed ejasnem le odnam so euq se erruco euq ol ,siétsusa so oN

 

Verdadera

Tras quitarse la careta de todos los días, acudió a cara descubierta al baile de Carnaval.

 

Cazador

Tres días con sus noches lleva el cazador insomne persiguiendo al sueño. Consiguió herirle y sigue su rastro de sangre, compuesto de efímeras huellas de sombra.
Al fin lo abate.
—Ahora podré contemplarlo de cerca —murmura.
Pero está exhausto, y aunque lo intenta, cae dormido.

 

Llamado

Para llamarte, aquella ola tan blanca se enganchó a una hache.

 

Olas

Detrás del mar están las olas que dejaron los besos que no te di, que no me diste: que no nos dimos. Que se los lleven ahora la marea en forma de ola es lo mejor que podía ocurrir, un homenaje para no ver la más fea y triste de todas las funciones que en el mundo han sido, una bajada de telón en medio del Apocalipsis tuyo y mío, ese caos para músicos ciegos, esa hecatombe sin letra y con música desgajada.

Cosa de ciegos estúpidos: cosas nuestras.

 

¡Pum!

Una carrera exitosa, una vida llena de logros, una estrella. Nadie podía mirarme a la cara sin sentir mi superioridad. Para aquella película contrataron a un nuevo doble. Cada vez que lo miraba, era como verme al espejo con la horrible sensación de que ese reflejo no me obedecía. El parecido era tal, que él era quien firmaba los autógrafos. Se acostó con mi esposa, se ganó el afecto de mis hijos y de mi perro, le dieron mi trabajo y a mi el suyo.

Decidido a terminar con esta situación, cargue mi arma y fui a su encuentro; pero al estar los dos cara a cara, no supe si él era yo o si yo era él y termine disparando a la persona equivocada.

 

Dos

A José,  en el pueblo, le decían El Dos porque siempre hacía precisamente dos estupideces por vez. En eso no fallaba. La última fue que estaba haciéndole el amor a su mujer cuando se acordó del curso por correspondencia que tomó para realizar desdoblamientos. Y, claro, practicó ahí mismo e increíblemente logró efectuar uno. De ese modo, su conciencia viajó hasta el living, encendió la tele y se puso a mirarla con total despreocupación por lo que hacía el cuerpo. Al rato, en los comerciales,  oyó los fuertes gemidos de una mujer. Entonces, ya olvidada de su condición, fue al dormitorio y vio a un cuerpo —que no logró identificar como el propio— sobre el de su esposa. Tomó el revólver y le metió ocho tiros. A los segundos comprendió la gruesa equivocación y el tonto no halló nada más oportuno que… ¡volver al cuerpo!

Mañana entierran a José.

A su compadre, Julián, le pidieron que confeccionara su epitafio, pero hasta el momento no se le ocurre ninguno sin la palabra “pelotudo”.

 

Mensajes

Lanzó más de un centenar de mensajes en botellas. En cada uno escribía el sueño de esa noche, o un anhelo cristalizado en palabras. Entonces se sentó a esperar, jugando con la arena, sintiendo que las gaviotas se burlaban de él desde lo alto. Y hubo noches, y hubo días. Alguna vez recuperó alguna botella, vacía, sin contestación. En una ocasión, desesperanzado ya, nadó hacía un reflejo del mar creyendo que le habían devuelto una de sus misivas: descubrió que en la botella sólo estaban sus palabras. Así que se contestó a si mismo, y lanzó la respuesta al mar

 

Imposible

Su colección de desengaños no le cabía en la mochila, parecía que el destino se hubiese confabulado para enredarla en un laberinto de agonía y frustración.

Una mañana mientras amasaba el fracaso y exprimía la melancolía aparecí yo; con mi traje transparente y mi sonrisa diáfana, ofreciéndole un mundo lleno de atardeceres dorados.

Pero ella se vistió de terror, vendó sus ojos y amordazó su corazón. No quiso escuchar al peregrino que le ponía la gloria a los pies. Prefirió construir una muralla de indiferencia, escapar a otra dimensión, negándose la posibilidad de abrazar la dicha.

 

Mariposas

Después de sentir por primera vez mariposas en el estómago, aquel enamorado murió de indigestión.

 

Descubrimiento

Pintaba en las paredes de su cueva hermosos murales. Y salía por las noches a andar guiado por las estrellas por ese mundo de formas desdibujadas y difusas.

Siempre hacía más o menos el mismo camino. Pero un día, sumido en sus pensamientos, cavilando acerca de ese mundo en que vivía, retrasó su vuelta.

Cuando se puso a andar vio un cambio extraño en el cielo que ya no giraba en torno a su cabeza. Una luz celeste y blanca subía por el horizonte e iba borrando sus estrellas.

De golpe, todo se hizo de un blanco brillante y una bola de fuego apareció sobre el horizonte. Su mundo era otro mundo de luces y sombras y formas netas.

Sobrecogido de miedo y de intensa emoción había visto el amanecer por primera vez.

 

Traición

La encontré sobre la cama de mi compañero de cuarto en aquella vieja pensión de estudiantes. Yacía desnuda, callada, insinuante. La piel barnizada de su torso moreno, y las formas sugerentes de su cuerpo sinuoso, despertaron en mí un exacerbado deseo. No debí hacerlo, lo sé, pero bien por inexperto, o por mi falta de carácter, cuando quise darme cuenta ya mis manos la acariciaban. Supieron mis inexpertos dedos hacerla vibrar y arrancarle dulces gemidos. La besé, arrimé mi rostro a su pecho, la apreté entre mis brazos con tan desenfrenado afecto, que pensé se quebrarían sus frágiles huesos.

Cuando acabamos, ella quedó tumbada, en silencio, con su mirada arañada clavada en el techo; yo, por mi parte, sudando y maltrecho, me debatía entre la emoción de aquella primera experiencia, y el despecho por la traición al amigo.

Al día siguiente, me levanté temprano y, sin perder un minuto, fui a la casa de música más cercana para comprar mi propia guitarra, la que, hasta hoy, ha sido mi única compañera.

 

Descubrimiento I

Estaba hundido por una tremenda depresión, en total aislamiento. Llevaba así más de un año. Ni el cariño de su familia, ni las atenciones de sus amigos, ni los fármacos habían podido sacarle de su infierno interior.

Se curó el día en que una de sus amigas le trajo un regalo. El se quedó contemplándolo. Ábrelo le dijo ella. Al romper el papel que lo envolvía, encontró un libro sin título y con todas las páginas en blanco menos la primera, en la que solamente se podía leer: "Tu vida debes escribirla tu mismo".

 

Terquedad

¡Sí existe! - gritaba terco el ciego, pues se consideraba el defensor número uno del amor a primera vista.

 

Espanto

Una vez conocí a la mujer perfecta. Salí corriendo

 

Dificultad

No entiendo por qué tengo que madrugar para lograr mi sueño

 

Celestial

Me ordenó mi confesor ponerme al servicio de Dios. Ahora convierto mujeres puras en pecadoras que redimir.

 

Vocación

Por las mañanas escribía ensayos. Poesías, al mediodía. Las tardes eran para corregir novelas. En las noches no dormía, trabajaba como guardián de sueños

 

Decisión

Cuando tuvo la certeza de ser el único superviviente del holocausto nuclear, lo paralizó la idea de seguir viviendo en absoluta soledad el resto de sus días. Solo para siempre, para siempre solo.

Nunca más oiría una voz saliendo de unos labios que no fueran los suyos; nunca unos oídos ajenos captarían las ondas que sus palabras provocaran en el aire; ningunos ojos volverían a mirarlo. Imposible de soportar.

Subió por las escaleras al último piso del edificio más alto de Villa Gesell; abrió la puerta de la azotea; se acercó al borde mismo del abismo y, con la expresión "solo para siempre" entre los labios, saltó al vacío. Entonces, justo cuando pasaba en caída libre por el piso 5, oyó sonar su celular. Tuvo tiempo de abrir la tapa, fijar su vista en el cristal líquido y ver que era ella; pero nada más.

 

Naturaleza

Siempre me dijeron que no me hiciera castillos en el aire, por lo que pensé que mejor sería hacerlos en la playa. Jamás pensé que las olas del mar vinieran a arrebatármelos

 

Narrador

Convocado por el narrador, Germanius montó nuevamente su caballo, cabalgó sobre praderas solitarias y páramos polvorientos, desiertos estrellados y bosques negros.

En Asia conoció a Flor de China y su posterior pérdida lo volvió taciturno y amargado. Cuando desapareció, la persiguió por todo el mundo, pero nunca la reencontró.

Cada vez que un grupo de viajeros fabulaba en torno al fuego, su corazón palpitaba esperando la voz del narrador que le hizo conocer a su amada.

No la volvió a oír jamás. Le desesperaba la posibilidad de que aquel narrador la hubiera unido a otro hombre para siempre.

 

Atracción

Ella bebía su cerveza,  en la barra del bar., consciente de las miradas que intentaban desnudarla. No le sorprendió, tampoco le disgustó, el descaro de aquel hombre, cuyo cuerpo pudo percibir a un par de centímetros de su espalda descubierta. Se mantuvo indiferente, aguardando mientras removía distraídamente el interior de la copa y fingía retocarse el recogido de sus cabellos.
Él acercó los labios rozando el vello invisible de la nuca, avanzando hasta hacerle sentir levemente su respiración sosegada en el lóbulo. Su mano izquierda se ubicó, como por descuido, en el arco satinado de la cintura de ella, mientras las palabras surgían como un susurro suave y serenamente seductor. La mujer recibió con agrado la frase introductora, pareciéndole original y no exenta de clase. No solía aceptar a los galanes pero, por una noche, decidió alterar las normas. Antes de girarse, miró disimuladamente hacia la discreta generosidad del escote, para poder así cerciorarse de que un contorno ligero de sus pezones se marcaba sutilmente sobre la tela del vestido.

En un primer instante, se extasiaron mutuamente con la belleza lasciva de sus rostros, pero el adentrarse largamente en las miradas les otorgó la decepción del entendimiento. Un fugaz centelleo rojizo de los ojos sirvió como despedida, dirigiéndose el incubo* hacia la puerta mientras el súcubo** retomaba su postura de estudiada soledad

 

Llamado

Si el teléfono no suena, ése soy yo.

 

Best Seller

Exaltado hasta lo último por el gran éxito de sus historias, decidió escribir la que fuera la más grande de su vida.

Redactó brevemente una nota con las instrucciones para su editor.

Sacó la hoja aún en blanco de la máquina de escribir y la puso con cuidado sobre el cristal de su escritorio. Extrajo la pistola de uno de los cajones, colocó su cabeza sobre la hoja y, posando el revolver de manera vertical sobre su sien derecha, oprimió el gatillo.

Esta obra se llegó a vender, como lo había previsto, por encima de las anteriores

 

Búsqueda

Tienen el lomo como un arco disforme. De la columna salen protuberantes las costillas. Dilatando su nariz buscan un olor, un residuo, un dejo. Enseñan sus dientes blancos, filosos. La baba escurre de sus fauces. Los perros de la aldea tienen hambre, se van por el camino gris hacía otra población que tenga mejores desechos.

Los hombres salieron un día antes.

 

Estatuas

Hace ya tiempo, en un país lejano, nació una oveja negra.
Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido levantó una estatua en su memoria.
Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran pasadas rápidamente por las armas, para que las generaciones futuras se ejercitaran en el arte de la escultura.

 

* Íncubo.

1. adj. Se decía del diablo que, según la opinión vulgar, con apariencia de varón, tenía comercio carnal con una mujer. U. t. c. s.

** Súcubo.

1. adj. Dicho de un espíritu, diablo o demonio: Que, según la superstición vulgar, tiene comercio carnal con un varón, bajo la apariencia de mujer.