Opinión

ASTUCIAS DE LA OPOSICIÓN

 

ACTO I. ESCENA I.
(Gobierno y Grupo 1 reunidos alrededor de una mesa)

-Gobierno: Dejad de matar y negociamos.
-Grupo 1: De acuerdo. No matamos. Dadnos.
-Gobierno: ¿Qué queréis?
-Grupo 1: Queremos A, B y C.
-Gobierno: Os damos A y B. C es imposible.
-Grupo 1: Mmmmm... De acuerdo. Dadnos A y B y no mataremos más.
-Gobierno: Trato hecho. Vamos a celebrarlo.
(Se oye ruido de celebraciones y canciones en varias lenguas. Entra por la derecha el Grupo 2)
-Grupo 2: ¡Eh! Nosotros llevamos años pidiendo A y B, y no hemos matado a nadie. ¿Por qué al Grupo 1 se lo habéis dado y a nosotros no, si nosotros siempre lo hemos pedido por vías políticas y pacíficas?
-Gobierno: ... (Sin saber qué contestar)
-Grupo 2: ¡Más nos valdría haber matado! Habríamos conseguido más cosas. En fin, al menos hemos logrado nuestro objetivo, aunque la medalla se la cuelguen otros.

ACTO I. ESCENA II.
-Grupo 3: ¿Habéis visto? El Grupo 1 y el Grupo 2 han conseguido lo que querían, ¡y nosotros aquí a verlas venir! ¡Es hora de actuar!
-Todos: ¡¡Matemos!! ¡¡Matemos!!
-Grupo 3: Está demostrado: si perseveramos en el asesinato, el secuestro, la extorsión, saldremos victoriosos. Es cuestión de tiempo. Ahora es el momento propicio, ya que están demasiado ocupados peleando entre ellos. ¡Matemos!
-Todos: ¡¡Matemos!!
-Grupo 3: ¡Es hora de reclamar D, E y F! ¡Son nuestros derechos como pueblo, y siempre nos han sido negados! ¡Es hora de que se nos escuche!
-Todos: ¡¡Matemos!! ¡¡Matemos!!

 

El diccionario de la Real Academia Española define a tragicomedia como:

1. f. Obra dramática con rasgos de comedia y de tragedia.

2. f. Designación que a La Celestina dio su autor, Fernando de Rojas, en el siglo XV, la cual fundó un subgénero de obras enteramente dialogadas, aunque irrepresentables por su extensión, en las que intervienen personajes nobles y plebeyos, se mezclan pasiones elevadas y viles, y alternan el estilo más refinado con el puramente coloquial.

Obviamente, la obrita del comienzo es pura ficción, pero bien podría darse en cada uno de los procesos de negociación política que se da en Argentina. En cada uno de ellos puede predominar la fuerza o la astucia. En la Argentina de hoy, se pueden destacar varios escenarios de conflicto. Y la metodología para solucionarlos es siempre la misma. La búsqueda de consensos. Desde los medios masivos y prebendarios, acostumbrados a poner y quitar gobiernos, ministros, secretarios e imponer candidatos, y “por casa” desde los que estaban y no están, intentan que los sectores que antes eran tradicionalmente componedores se transformen en confrontativos.

Los ultra mediáticos choznos de cortesanas de moral dudosa, Lanata, Majul, Magdalena, Nelson Castro. Morales Solá, Bonelli, Kirschbaum, Leuco (padre e hijo) y otros amanuenses y lenguaraces menores  y aún la alhajada Mirta y la tilinga de Susana, se rasgan las vestiduras cuestionando al gobierno permanentemente. Y al hacerlo, claro está, defienden a sus empleadores. Este es, casualmente el Grupo Clarín, para la mayoría  de ellos. Nada hacen gratis estos personajes que fruncen el hocico cuando están al lado de la gente de todos los días. Odian a los pobres y lo demuestran permanentemente. Por eso cuestionan a aquellos que los defienden. Los conspiradores tienen mil caras. Esta, la de los ultra mediáticos es tan solo una de ellas.

Claro está, los periodistas succionadores de testículos más opositores que los opositores, se han lanzado a recrear una atmósfera de caos, de desgobierno, de  corrupción. Muchas veces, espanta ver la bajada de pantalones de tipos con años de experiencia. Lo hacen por amor, claro.  Por amor al golpe de estado. Por amor al neo liberalismo. Por amor a Magnetto, quien convocó a dirigentes de la oposición a compartir una encuentro de trabajo. Claro que no aclaró si sobre su mesa tenía vaselina, manteca o todo iba a ser así nomás, en seco. Este escenario, desde lo mediático se replica, parcialmente en Gesell. Pretende recrearse desde las redes sociales y desde ámbitos que no son los específicos para tales de demostraciones de bronca. El HCD, por ejemplo, no está para dirimir internas. Pero bueno… (Cada vez decimos más “pero bueno”). Creo que si por algún motivo se nos impidiera decir “pero bueno” ya no sabríamos cómo concluir muchas de nuestras frases. Creo que “pero bueno” es una habitualidad lingüística –por decirlo así– cuyo uso crece en la medida en que lo hacen otras cosas. Sobre todo nuestra resignación.

“Pero bueno” no es necesariamente un giro de resignación. Juan Domingo Perón pudo haberlo utilizado. Pudo haber dicho: “Será muy difícil crear las condiciones para crear un movimiento popular y nacionalista. Será muy difícil integrar a los trabajadores. Pero bueno, lo intentaremos”. Aquí “pero bueno” funciona como elemento de cierre del razonamiento previo, lo totaliza. “Pero bueno” es “esto es así”. Y también “qué haremos ahora”. Perón  dijo: “Lo intentaremos”. La otra posibilidad era “Será muy difícil crear un  movimiento popular. Y casi imposible integrar a los trabajadores. Pero bueno, habrá que esperar”. Este “pero bueno” es el de hoy.

Uno dice dos palabras. Primero dice “pero”. Después dice “bueno”. “Bueno” funciona como calificativo de “pero”. Se trata de un “pero” que es “bueno”. Estamos diciendo: “Este pero es bueno”. Si pensamos que “pero” significa “sin embargo”, “no obstante”, “pese a” o “a pesar de” y si pensamos que “pero” es una conjunción adversativa, obtendremos que “bueno” califica como buena a la adversidad. En suma, la acepta. El “bueno” de “pero bueno” califica como “bueno” al “pero”. Califica, por carácter transitivo, como “bueno” a “sin embargo”, a “no obstante”, a “pese a” y a “a pesar de”. Acepta la adversidad. Y aceptar la adversidad es resignarse ante ella. En suma, “pero bueno” es la expresión que utilizamos para aceptar la adversidad, para resignarnos. Pero bueno, quizás esta vez no sea así…

 

Ante los intentos de división de la sociedad, la búsqueda del consenso

El Consenso representa un acuerdo al que se llega a través de un proceso que identifica las necesidades, los intereses y los valores entre las partes y apunta a la satisfacción de la mayor cantidad posible de ellos. El consenso no requiere unanimidad. Un arreglo por consenso puede no satisfacer todos los intereses de cada uno de los participantes por igual y es posible que alguno no apoye todas las partes del acuerdo al mismo nivel. Sin embargo, una vez que se logra el acuerdo, cada una de las partes se puede comprometer a su implementación. Esto generalmente ocurre porque las principales necesidades, intereses y valores de cada una de las partes están contempladas al menos en cierta medida y ninguna de esas necesidades, intereses o valores se ven seriamente perjudicados por el acuerdo.

Las habilidades de la construcción de consenso son fundamentales tanto para la

conformación inicial como para la sostener en el largo plazo cualquier

alianza multisectorial e intercultural.        

Las habilidades de construcción de consenso incluyen: desarrollar una confianza, mutua; asegurar una comunicación fluida; satisfacer intereses subyacentes; y participar conjuntamente en la resolución de problemas. Pero sin prender el ventilador y tirar mierda contra él para que se desparrame.

 
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