Los cortitos de Germán Delgado

ES LO QUE HAY

 

Invasión

Una vez por año, en cualquier día de junio, las arañas de la ceguera invaden Villa Gesell. Entonces no tenemos ganas de vernos y ensayamos nuestras mejores peores caras. Y no es aracnofobia, ni alergia a la telaraña o a la ponzoña; es el odio el que se nos mete en las pupilas como un eclipse a mediodía; odio a nada y a todo, como darle rodillazos a una bolsa llena de clavos y agujas. Las arañas, desde luego, no tienen la culpa de nuestro carácter y siguen agitando sus patitas. Cubren la ciudad con capullos y tienden líneas plateadas entre edificios. Esto nadie lo ve, porque el efecto cegador es inmediato en cuanto aparece la primera. Lo sabemos porque en los folletos de Villa Gesell hay fotografías que han sacado los de Google Earth. En fin, cuando la plaga está controlada, recuperamos la vista. Entran en acción las cuadrillas de limpieza. Les lleva una semana completa la tarea. Lo que más levantan son perfectas momias de gaviotas en apretados ovillos de telaraña.

En junio no contamos con turistas porque a ningún geselino se le ha ocurrido como convertir en espectáculo a las arañas de la ceguera. Germán Delgado, el filósofo de cabecera de Los Girasoles dice que quizás sería posible con trajes de buzo o con globos aerostáticos. Al parecer Emiliano Felice y los de Turismo lo están pensando.

 

Iluminación

El ciego de nacimiento abrió los ojos y el terror iluminó todo su ser.

 

Confesión

Soy un perro. De verdad: ¡soy un perro! Por alguna extraña razón he alcanzado la edad de ciento  cuarenta y dos años, no sé de ningún otro caso similar, ¡y vaya que he buscado! No voy a mentirles contándoles que he alcanzado mi nivel cultural leyendo, aunque sé hacerlo y lo hago con cierta regularidad; casi todo lo he aprendido observando a los humanos y, como les resultará evidente, puedo utilizar la computadora con cierta destreza.

Sería estúpido quejarme, estoy mejor que ningún otro perro lo ha estado en la historia del mundo y siempre me las ingenio para tener los mejores amos...sólo que, ¿saben? De un tiempo para acá, han comenzado a gustarme las mujeres.

Bueno, la verdad es que hay algo en lo que les he mentido: No soy un perro, en realidad soy un lobo, pero hace más de ciento treinta años que finjo que soy un perro.

 

Transgresiones

Todos necesitamos una transgresión. Cruzar los límites, adormecer la conciencia, penetrar en un mundo amoral para recuperar el goce primigenio de la irresponsabilidad. Yo quería disfrutar ese momento, tentándome a mí mismo, preguntándome si sería capaz de ejercer ese acto de crueldad total con quien había compartido mi infancia conmigo. Destruirlo me haría sentirme, de algún modo vergonzoso y terrible, capaz de cualquier cosa. Pero no pude, mis manos perdieron su tensión, se relajaron mis nudillos y el gesto brutal se convirtió otra vez en el gesto infantil, de nuevo el abrazo con mi osito, al que nunca jamás podré romper.

 

Fórmula

Los científicos observaron los resultados que había proporcionado la computadora. Repasaron los cálculos y, tras asegurarse que todo estaba bien, volvieron los ojos a la fórmula obtenida. Se miraron en silencio, hasta que uno se atrevió a hablar.

- Así que éste es el secreto de la mente humana; la fórmula que encierra todos los misterios del cerebro del hombre: su comportamiento, sus dichas, sus pesares...

No pudo acabar la frase. Avergonzado, empezó a llorar, apartando la vista de los otros.

- ¿Qué te ocurre? - le preguntaron

Él miró a sus compañeros y a la fórmula:

- No lo sé – dijo sollozando.

 

Freud

Tomó el puro delicadamente. Lo olfateó, se lo llevó a la boca; lo mordisqueó. Con la izquierda lo sostuvo; con la derecha accionó el encendedor y lo prendió. Aspiró haciendo pequeñas pausas al mismo tiempo que chupeteaba los labios degustando el buqué del habano Miró a la docta concurrencia que incrédula seguía sus movimientos y dijo: Colegas les recuerdo que también se fuma por placer y no tan sólo por deseos insatisfechos.

 

Infiel

Le fui infiel con la muerte y ella se fue con otro.

 

Persecución

Sus tres intentos frustrados de suicidio le provocaron una seria paranoia. La vida lo perseguía implacablemente

 

Metamorfosis

De ella se decían muchas cosas.
Cansada de sentirse siempre un bicho raro la crisálida se dejó crecer las alas.

 

Señal

La capilla Inmaculada Concepción  estaba llena, medio pueblo asistía a la ceremonia. La novia avanzaba del brazo de su padre al compás de la marcha de Mendelssohn. Por fin, se hizo el silencio. La lluvia sobre el tejado, los truenos y el silbido del viento, se oían como nuevo fondo musical.

El público estaba emocionado, la voz del padre Miguel sonaba solemne: "si alguien tiene algún impedimento que lo diga ahora o calle para siempre". En ese momento, un rayo cayó sobre el altar.

 

Difícil

Todas las noches la veía quitarse cada una de sus prendas. Así, desnuda, se tendía sobre la cama y entreabría las piernas, como invitándolo. Ansioso, él se acostaba a su lado, también desnudo. Pero no podía hacerle nada, ni siquiera tocarla con la yema de los dedos. Ni siquiera susurrarle al oído palabras seductoras. La vida de los fantasmas es dura.

 

Marea

Ven -me dijo - Obedecí hipnotizado.
Me tomó por la cintura y yo encajé mi sexo contra su deseo.
Siente -me susurró - Y cerré los ojos para no cegarme de locura.
Pero ya era tarde, la marea estaba subiendo salvaje convirtiendo el mundo en piel y el tiempo en ritmo de gemidos.

 

 

Marino

Su pareja, apenada, dice de pronto:
—Olvidé el borrador del libro en la terraza.
Contrariado, le responde — ¡Estúpida, ha estado lloviendo toda la noche!
El agua había desembocado en el prólogo, algunos capítulos empezaron a nadar tratando de salvarse, pero el índice se perdió en un mar de dudas.

 

Robo

Mis recuerdos desaparecieron como si nunca hubiesen existido, dejando un vacío interior irreparable.
—¿Por qué? —pregunté hace tiempo, cuando intenté aferrarme a ellos.
—¿Por qué no? —me contestó el olvido.
Silencioso e impávido me los fue robando uno a uno.

 

Raje

Sólo quedan dos personajes. Uno pregunta al otro:

— ¿Qué sucede? —El otro responde:

— Es el fin.

Estaban las palabras huyendo del texto: los gerundios y las interjecciones corrían despavoridos; los lugares comunes y las frases hechas abandonaron sus puestos; la estructura del cuento de desmoronaba; los adjetivos eran incitados a la rebelión por la puntuación que, al darse cuenta de la desbandada, se alejaba a toda prisa, tropezando al evacuar con las metáforas y la prosa poética que, simplemente histéricas, habían desertado.

 

Método

Germán Delgado miró detenidamente la hoja  en la que había tecleado “FIN” y la depositó sobre un montón de otras en blanco.

—Curiosa forma de escribir un cuento –comentó sarcástica ella.

 —Bueno –sonrió él—, es un comienzo.

 

 
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