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La columna de Jorge fava CARGA VIRAL
"La carga viral es la cantidad de virus a la que un cuerpo está expuesto y que puede generar la enfermedad"
Tal vez ustedes piensen que me voy a referir a la enfermedad del COVID19 originada por el CORONAVIRUS que tan preocupados nos tiene a los argentinos y al mundo en general. En momentos que muchos países han flexibilizado los aislamientos obligatorios de sus sociedades y que en el nuestro se abre una nueva etapa que tiende poco a poco a ir retomando las actividades de todo tipo suspendidas, es cuando un grupo de energúmenos de la derecha depredadora derrotada sin atenuantes hace algunos meses, se empeña en realizar una movilización rompiendo la cuarentena, para embestir contra el gobierno que ha priorizado la vida por sobre la economía. Su actitud era previsible dado que no soportan que la figura presidencial de Alberto Fernández esté en un pico altísimo de popularidad y que su gobierno está sea evaluado positivamente en lo referente a las medidas implementadas para tratar de detener una pandemia que se ha empeñado complicarnos la vida, esto dicho literalmente y sin eufemismos. La actitud belicosa de los grupos más reaccionarios de la derecha macrista-radical-civilista , ensoberbecidos en su delirio "antipopulista" han optado por declararle la guerra a una administración que está soportando la arremetida de los fondos acreedores, los mismos que los saqueadores del Estado alimentaron contrayendo una deuda imposible de pagar y pactando intereses estratosféricos. Pero no estamos hablando solamente de economía y de la desmesura ambiciosa de una clase social, o de una postura economicista contrapuesta a una realidad acuciante que requiere del concurso, para su resolución, de todos los partidos políticos, organizaciones sociales, empresariales e instituciones intermedias. Estamos hablando por sobre todas las cosas de una actitud tendiente a eliminar al opositor de cualquier manera, utilizando para ello todo el bagaje que la derecha ha exteriorizado e implementado a lo largo de nuestra historia y que incluye la muerte o desaparición de todo aquel que se oponga a sus intereses.
Sabido es que a partir de ese asesinato vil, perpetrado en un corral de Navarro por parte del General Juan Lavalle, que actuó bajo el influjo de las sugerencias de los poderosos de aquel momento, que han dejado la descendencia que padecemos en nuestros días como rémora de un pasado que no quiere irse, se fueron sucediendo guerras civiles y revoluciones luctuosas que no han hecho otra cosa que dividir a la sociedad argentina. Algunos la llaman grieta, pero no es otra cosa que la lucha de un pueblo en busca de sus derechos enfrentando a una oligarquía sanguinaria capaz de aliarse con los enemigos de la patria para conseguir sus objetivos. Desde la derrota de Rosas esto ha sido una constante, utilizando en varias oportunidades modos más sofisticados para apropiarse de la renta que debiera repartirse equitativamente, en busca de una igualdad que amortiguara las tensiones de un pueblo constantemente sojuzgado por los poderosos. El derramamiento de sangre de hermanos ha sido la constante que la clase dominante porteña ha utilizado para conseguir sus objetivos. Entre 1878 y 1874 la llamada Conquista del Desierto, no fue otra cosa que un genocidio de pueblos originarios a fin de apropiarse de sus tierras ancestrales para que éstas pasaran a integrar los patrimonios de aquellos que habían financiado la excursión asesina, usando como pretexto las necesidades del Estado Nacional integrar el territorio a fin de evitar los reclamos de Chile sobre la Patagonia y la ambición colonialista, en ese Sur inhóspito de Inglaterra que además era socia de esa casta dominante en sus negociados. La continuidad de padecimientos populares, marcados con sangre, se fueron sucediendo aún en gobiernos populares como el que irrumpió en 1916 con el advenimiento del radicalismo de la mano de Hipólito Yrigoyen, quien debió soportar que los sectores oligárquicos, aún dentro de su administración, propiciaran masacres como las de la Patagonia Trágica con los asesinatos de peones rurales que reclamaban derechos mínimos ante tanta explotación brutal de los terratenientes , o las de los Talleres Vasena, conocida como Semana Trágica, en plena Capital Federal y que daría comienzo comienzo, con las organizaciones gremiales surgidas del anarquismo llegado a estas latitudes por los inmigrantes europeos que mayoritariamente revistieron como la mano de obra en las nacientes industriales manufacturera, del pujante sindicalismo que consumaría su organización más acabada con el peronismo del que fue su base de sustentación. Si bien este relato es conocido por haber sido tratado por los historiadores, también es muy cierto que allí podemos identificar al núcleo del virus del odio que aún divide a la sociedad argentina. Desde la irrupción de Coronel Juan Domingo Perón en la Secretaría de Trabajo y Previsión de la Nación, durante el gobierno militar del General Edelmiro J.Farrel, el mentor del justicialismo fue ganándose enemigos muy poderosos. El protagonismo de Evita, a los que los sectores populares naturalmente tomaron como su protectora, fue para los clases acomodados ricas y medias, algo muy difícil de soportar, toda vez que el pueblo fue conquistando derechos impensados para una sociedad pacata que descubrió que los pobres existían y que reclamaban un trato igualitario por demás justo.
El bombardeo a la Plaza de Mayo con sus más de 350 ciudadanos
muertos estimados, fue uno de los acontecimientos más ocultados por
los medios de prensa en los años que sucedieron al derrocamiento de
Perón por la Revolución Fusiladora, expresión más clara del odio
acumulado por quienes, aliados al poder militar, hicieron gala de un
salvajismo despiadado contra todo aquello que tuviera que ver con el
peronismo. Así desde los fusilamientos de 1956 de los militares contrarrevolucionarios que defendían al gobierno popular ; de la
"Operación Masacre", tan bien descripta por Rodolfo Walsh respecto a
los fusilamientos en los basurales de
Así llegamos a 1976 donde a partir nuevamente de las órdenes emergentes de Washington, los militares iniciaron lo que sería su última aventura golpista , la que regaron con la sangre de 30.000 desaparecidos y concluyeron con una guerra delirante contra la tercera potencia militar mundial, apoyada por sus propios mandantes a los que desobedecieron en su bravuconada inconsulta. Como vemos la escalada de odio parecía no detenerse hasta que un episodio bélico los descolocó y desprestigió, al punto que el pueblo nuevamente a fuerza de sufragios consiguió meter en caja a quienes se financiaba y se sostenía desde el erario público para defender a la nación de las agresiones externas. Pero esa irrupción asesina de los genocidas, no era huérfana de apoyos de parte de una sociedad que los había llamado a gritos por muchos que reclamaban un presunto orden potenciado desde los mismos medios que hoy conspiran contra el gobierno de los Fernández. Son los antiguos voceros del poder en las sombras, que conspiró constantemente para frenar cualquier avance que suponga indicios de igualdad social, frente a la explotación y la apropiación de lo que corresponde a los trabajadores. Así llegamos a los tiempos presentes luego de padecer los temporales neoliberales, que desde Martínez de Hoz vienen azotando a nuestro país y que parecieron desarmados por la obstinación racional del kirchnerismo puesto a defender ese legado popular, al que hizo emerger nuevamente merced al último triunfo pasional producto de la mente brillante de Cristina, la que fue perseguida y hostigada por la misma horda aristocrática que blasfemó contra Evita al punto de hacer desaparecer su cuerpo inerte. Toda esa carga de odio vuelve hacerse visible desde los tiempos del saqueo macrista y hoy, desde esa minoría desalmada y desquiciada, trepida desde los mismos medios cómplices de cuanto latrocinio y crimen se consumaron desde las usinas de las conspiraciones constantes. La pandemia hace estragos por doquier. No perdona países; ni poderosos ni modestos; ni grandes ni pequeños; ni desarrollados ni emergentes. Todos son atacados por un virus diseminado por los vuelos y los cruceros de lujo. La muerte produce una suerte de acostumbramiento por el conteo constante que circula por los medios, hambrientos de llevar a los hogares pertrechados en los aislamientos obligatorios, esta noticia que como una letanía diaria, va deprimiendo a las almas agobiadas por el encierro Pero la CARGA VIRAL del odio no cesa. Aún en el encierro este sentimiento maldito traspasa las paredes. Se disemina por medio de las redes sociales y los medios de comunicación. Sigue enfermando la psiquis de aquellos que le abren la puerta ansiosos de recibir noticias falsas, que les alimenten sus creencias transmitidas de generación en generación como un legado familiar, con el único propósito de impedir que los trabajadores y los pobres sean felices. Ése, es su objetivo. Para ellos, este país les pertenece y todos debemos someternos a sus pretensiones excluyentes.
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