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Otro delirio de Germán Delgado LA PELI
Respecto a la narración cinematográfica sería irresponsable aventurar una sinopsis, ya que la película es aún la película desconocida. En cuanto al aspecto inusual, por decirlo así, ajeno al film, pocas producciones han conformado alrededor de su rodaje y posterior exhibición tantas y extrañas divergencias en obvio detrimento de la verdadera búsqueda: la existencia de una copia. La filmación de la película se supone realizada durante el invierno de 1957, misma temporada en que una gran sudestada casi arrasa la villa y tiempo en que las desapariciones coinciden. Además, en noviembre del mismo año ocurrió la separación definitiva con Ingrid Müller Fernández. En palabras vertidas en cuanta publicación de la época pretendiera atención, la ruptura obedecía a "la enfermiza obsesión" con la que su marido se entregaba al trabajo. La única hija del director, Paulette, entonces de poco más de 20 años, afirmaba que la obra de su padre era deslustrada por el rumor de una película incierta. Tal animadversión no bastó para alejarla de Germán Delgado cuando en enero del siguiente año éste fue desahuciado debido a una violenta infección que lo hubiera entregado a la muerte de no haber sido por la pronta y ortodoxa intervención de un anciano guaraní nacido en el Líbano. Germán Delgado, hasta sus últimos días, desmintió la existencia de la polémica cinta. En cambio, para “Cacho” Pan Talla, productor de comedias musicales, a causa del efecto final en conjunto, el cual juraba vehementemente conocer, "era imposible pulir más el diamante de la vesania". La primera noticia de una probable exhibición del film se registra en el verano de 1958 en un pequeño pueblo llamado Germania, donde el director. poseía una apartada villa. A pesar del celo con el que se pretendió encubrir la ocasión, los pobladores dieron aviso a las autoridades del singular evento, y gracias a los documentos gráficos de la prensa es posible reconstruir la extraña procesión convocada por el cineasta; de manera extraordinaria, Tristana Baldina, pero también Lucía de Generada, repudiada por su acto teatral con ofidios, Román Cero, heredero de la tradición de la Ordus Orienti, actores y actrices en franca decadencia; Bianca Servi, Selva Rala, Livia Nita de Cascos, maestros de varias sectas, hipnótistas, discípulos de Blavatsky, quirománticos, frenéticos millonarios y por lo menos una docena de jóvenes aletargadas en abrigos de pieles. Si la película fue exhibida no le quita mayor importancia al hecho de que durante tres días rabiosamente algo en Germania celebraron. Cuando un experimento fílmico, si morigerada la eventualidad por la técnica, cristaliza valores que le permitan explicarse por sí mismo, adquiere el título de largometraje. Tal circunstancia es la de la obra "enceguecedora" de Germán Delgado, cuya duración consta, de acuerdo a testimonios faltos de veracidad, de veinte a veinticinco minutos. Conocida era la sensibilidad de Delgado tras la lente, conocida también su reputación. Al lado de grandes filmes como la épica "Noche del barquero", "La esclavitud de nuestro tiempo" o la celebrada "Medalla en la cruz", documental bélico que repercutió en su patria como apología de la victoria arrebatada, reposan los grandes revuelos en que se le involucró; deportaciones, fraudes, golpizas propinadas a esposas y técnicos por igual, su afición a los excesos y la evidente inclinación a herejías cada vez mas violentas. Nadie refutaba su inequívoco criterio cinematográfico, tampoco grandes estudios lo contrataban, e incluso, azuzando su inestable reputación, se le relacionó con las desapariciones de las campesinas en General Madariaga. Ante quien asegura conocer el título verdadero "El ojo que no tiene niña", "El fuego del vendedor de salamines", para otros "Mujer y muerte nueva", la historia dubita. ¿De no existir la película por qué inventar un nombre? ¿O por su misma existencia perentoria condenarla al olvido? Aludiendo al contenido de la cinta así como a los posteriores desenlaces, se nombra a tal episodio la obra negra de Delgado. Los años siguientes a Germania soterraron la única evidencia tangible de la supuesta filmación. Se supone que Germán Delgado. se había retirado a Villa Gesell con un reducido equipo de filmación, el fotógrafo y apenas seis técnicos, quienes renunciaron uno a uno. En cambio, durante las tres semanas siguientes, lapso en el cual ni Delgado ni el fotógrafo abandonaron la villa, tres invitados más arribaron a la región. La llegada de uno de ellos “El gordo Cejas”, coincide con la desaparición de dos mujeres, madre e hija, a lo largo de la ruta 11, a solo 9 kilómetros de Pinamar. Pero cuando las investigaciones de la policía apuntaron al negocio que Cejas tenía en pleno centro, en la noche del 18 de diciembre un violento incendio extinguió la comisaría, los móviles y no dejó ninguna prueba visible. Tales hechos no convergieron en la figura de Delgado, pero bajo las cenizas de la villa quedó también su carrera, y hasta cuatro años después, gracias a la prensa bonaerense, se actualizó el interés por la obra negra. En un breve titular, retransmitido finalmente a las agencias internacionales, se daba cuenta del accidente automovilístico en el que Delgado había fallecido. Tal noticia y otras tantas relacionadas con su biografía fueron recopiladas por un cuidadoso editor, quien más tarde decidió publicar la monografía intitulada "Germán Delgado. ¿?-1961" Además de un coherente recorrido por su filmografía, mención aparte merece el capítulo dedicado a la supuesta filmación y a los hechos que conformaron la obra negra. Tan sólo un año después de fallecer Delgado, Pauletta se arroja al mar desde la punta del muelle. En riña callejera, el “Gordo” Cejas es asesinado. Y no menos chocante fue la muerte de Gordon , quien conocido por su aviesa afición a las peleas de perros, en las cuales participaba ocasionalmente él mismo, habiéndose un día hecho inocular el virus de la rabia embistió febrilmente contra la hija del criado que le dio muerte a tiros. Son tales sucesos, por su misma naturaleza veraz y comprobable, los que mayor inquietud irradian sobre la cuestión de la supuesta cinta, puesto que de no haber acontecido, sería desvirtuado enseguida el inagotable caudal de rumores y suposiciones asociadas a la obra negra, y bien se barrunta una pavorosa obra de arte o un fraude de igual magnitud artística. Desde luego, como en el primer Drácula, la exhibición no se privó de ataques cardíacos ni de enfermeras en la sala, pero más graves acontecimientos ocurridos a quienes aseguran haber contemplado un acto circense diabólico, saturado de sadismo e impiedad, aberrantes símbolos y mujeres diabolizadas, advierten la perniciosa influencia de la presunta obra. Después del incendio, según el autor de la biografía, en el cual los negativos y una importante cantidad de película aún no revelada se habían destruido, sólo tres copias sobrevivieron. La proyección de una probable copia, y su perdida, tuvieron lugar en San Francisco en el año de 1981. En tal ocasión, una fiesta convocada por un magnate de la pornografía, a pocos minutos de iniciada la película, un invitado perdió el control sobre sí mismo y desbocado, arremetió contra el proyector, consiguiendo hurtar la cinta para inmediatamente huir con ella. El americano, un insignificante coleccionista de pornografía, fue hallado al cabo de tres días flotando en la bahía. Los restos de una película, la obra negra o cualquier otra, se tornaron inservibles al ser encontrados en el estómago, garganta y boca del coleccionista, pues de acuerdo a la medicina forense, hasta provocarse la asfixia, había tragado la cinta. En tal época la existencia la cinta era ya aceptada en los círculos especializados de la critica cinematográfica, pero ciertamente nadie había visto la película, y los únicos testimonio eran casi infundíos, extrañamente coincidentes en cuanto a la apoteósica muerte de cinco mujeres al final de la cinta. Es probable que en épocas en donde la censura decidía el tema de las producciones fílmicas, la historia de una cinta realizada al margen de la industria para el gozo de pocos privilegiados, fuera bien recibida por críticos ansiosos de afirmar mendazmente una obra realista al grado de la ilegalidad, cruel y sádica, casi como respuesta a las producciones que de ningún modo reflejaban la decadencia que castigaba al país. Se sabe que en una subasta a puerta cerrada en la ciudad de Londres, otra copia de la obra negra, una copia desincronizada, emergió tan misteriosamente como volvió a desaparecer. Además, se sabe que la película fue rematada por un monto elevadísimo, por el cual no se hubiera comprado una simple chanza. Por años la historia de la obra negra osciló entre ser una acertada burla y una realidad inaceptable. Sin embargo, hasta la última edición revisada de la monografía "Germán Delgado ¿?-1961", la ambigüedad de los hechos pareció inclinarse favorablemente hacia aquellos partisanos del salvaje manjar realizado por Germán Delgado. Ciertos hechos corroboraron las investigaciones del editor, y como una presa hambrienta que merodea alrededor de una vacilante conclusión, tras una visita a la ciudad de San Francisco, se acreditó que el supuesto lugar de la exhibición en la torre Ketzer no existía, puesto que si las notas periodísticas tanto como los reportes policíacos localizaban la proyección en el piso 32, en realidad, la construcción de la torre había sido concluida en el piso 29. La última posibilidad de confirmar la existencia de la cinta o de reprobar el doloso engaño consistía en hacer pública la supuesta copia subastada. No obstante, dicha posibilidad se redujo al mínimo después de ser adquirida en la licitación, y así la naturaleza de una cinta desafiante, implacable, digna de confinarse al olvido se diluyó en la identidad del comprador así como en el origen de la fortuna que debió desembolsar, pues justo un mes y medio antes de escribirse esta nota, el pío comprador fue designado Papa. ATO LLORÓ |
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